EL VALOR DE LA MUJER INDÍGENA.

 

Colombia ha sido un país un acervo cultural muy variado, en todos los departamentos se puede observar como confluyen diferentes culturas, etnias y razas que hoy nos permiten disfrutar de un territorio multiétnico y pluricultural.

Sin embargo, no siempre fue así, “En 1492 existía una amplia diversidad de pueblos, una población abundante y un legado nada despreciable de más de 15.000 años de ocupación del territorio. Es probable que la cantidad de nativos rondara por los varios millones de habitantes, siendo el cálculo más optimista cercano a unos 7 millones, lo cual, aunque exagerado, desmiente la idea de un territorio prácticamente desocupado a la llegada de los españoles.” (Langebaek, 2016) Lo que indica que la comunidad indígena era significativamente numerosa en comparación a la población actual.

Con la llegada de los españoles, la población se vio suficientemente afectada, no solo por las guerras que se generaron en defensa de su territorio frente a los colonizadores, sino también por la devastación que produjo las enfermedades traídas de territorio europeo, el mestizaje y otras circunstancias. “El hecho es que en menos de 100 años su número se había reducido a una fracción. Pasarían siglos antes de que el territorio que hoy es Colombia se recuperara de ese desastre. Quizá solo a principios del siglo XX alcanzó el nivel de población que existía a comienzos del XVI. El mismo proceso disminuyó la diversidad biológica y cultural de la población. Algunas comunidades se extinguieron, otras se mezclaron entre sí y, en casi todas, el nivel de vida se redujo considerablemente.” (Langebaek, 2016)

Actualmente la población indígena goza de protección constitucional, a raíz de convenios y normas de carácter internacional que les garantizan unos derechos y autonomía propia de acuerdo a su acervo cultural, usos y costumbres, que, aunque le benefician, no le salvaguarda el derecho a su plena conservación de sus tradiciones y territorio, esto los ha puesto en desventaja, puesto que cada día se ven más invadidos de las culturas occidentales, del mestizaje y de la pérdida de su territorio por el conflicto armado y los cultivos ilícitos principalmente.

Según el Dane, en el 2005 existían 87 pueblos indígenas, equivalentes a un 3.4% de la población total del país, esto deja ver un panorama de minoría étnica, lo que afecta en la conservación de su cultura, porque debe enfrentarse a un mestizaje en todos los aspectos, salud, educación, cultura, etc.

Siendo Colombia un país con notable déficit referente al presupuesto para temas sociales, como salud y educación, donde Los resultados del Censo revelan que el 36,6 por ciento de la población ha alcanzado el nivel básica primaria, el 32,6 por ciento básica secundaria o media académica y el 7,5 por ciento tiene un nivel profesional. (MINISTERIO DE EDUCACION NACIONAL DE COLOMBIA, s.f.) siendo esto un nivel académico muy bajo en la población, para la cual se destinan la mayoría de recursos del estado, menor posibilidades tienen de una educación diferencial las etnias indígenas de Colombia, lo que los obliga desde la infancia a aprender el idioma español, recibir su formación académica básica y media en esta lengua y no en su lenguaje tradicional, lo que acrecienta más el riesgo de pérdida de su identidad cultural.

Entonces cabe aquí la pregunta fundamental, bajo estas condiciones sociales, culturales, y académicas adversas a sus condiciones, ¿que logra mantener su acervo cultural y sus tradiciones?

La respuesta fundamentalmente es una; La Mujer Indígena. Quizá al igual que en la sociedad en general, la mujer es la generadora de fuerza y contención de las dificultades que hagan afrenta a su hogar y su cultura. La respuesta puede parecer sencilla, pero tras de ella, existe un trabajo de resistencia cultural que está en cabeza de la mujer, no solo por su condición y don de dar vida, sino porque es ella la encargada de hacer trasferencia de saberes, cada una de acuerdo a sus tradiciones y comunidad a la que pertenezca.

Fue ella, la mujer indígena, quien fue víctima de grandes sufrimientos, porque ella fue quien perdió a esposo, líder indígena, cacique o gobernador du su resguardo, víctima del conflicto armado por la resistencia pacífica ante la amenaza de su territorio. Fue ella, quien perdió a sus hijos, reclutados a la fuerza, desaparecidos o asesinados por los grupos armados ilegales, como consecuencia de negarse a participar en un conflicto armado del cual no querían tomar partido, y sintieron el dolor de su perdida y con el ánimo de conservar su vida debió desplazarse a las cabeceras municipales, abandonando su territorio, ya que el 4,66% del universo de población desplazada corresponde a comunidades indígenas, y referente a población étnica, este corresponde al 13.49%. (OCHA colombia, 2014).

De igual manera, un segundo hecho de victimización de la mujer indígena en el conflicto armado, es el de ser víctima de violencia sexual, tomando su condición de mujer, como objeto de ultraje y vulneración de su intimidad, siendo de esta manera doblemente víctima como se refleja en el siguiente párrafo:

“De acuerdo con cifras de Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), entre 2002 y 2009 más de 1.000 indígenas fueron asesinados por causas violentas, siendo los pueblos más afectados Nasa, Wayúu, Kankuamo, Awá y Embera Chamí. Aproximadamente un 15% (151) víctimas, eran mujeres, niños y niñas. También se reportó que en el mismo periodo 187 mujeres indígenas fueron víctimas de violencia sexual y tortura” (MOLINARES & ROMERO LEÓN, 2011)

Frente a estos sucesos y dificultades afrontadas por la mujer indígena, en un acto de resistencia y conservación, se pretende en un acercamiento realizado con comunidades indígenas asentadas en el departamento del Caquetá, en el marco del reconocimiento del día de la mujer indígena 2018 se explora desde sus saberes la importancia de la mujer indígena desde tres contextos, en la comunidad, conservación de cultura y superación del daño causado por el conflicto armado, encontrando las siguientes respuestas:

De esta manera, la mujer indígena se reconoce a sí misma como la responsable de mantener su cultura. Sin importar la etnia, la función y el papel dentro de la comunidad es mantener la cultura, generar cohesión y resistencia ante los embates sociales que se puedan presentar, ya que el indígena hombre, ante las necesidades deja sus territorios para trabajar o buscar sustento, o también como responsable del mestizaje y pérdida gradual de su cultura.

Frente a esto es responsabilidad de los gobiernos locales, regionales y nacionales a lo largo y ancho del país, para garantizar, pero sobre todo para respaldar el papel de esa mujer indígena que durante 526 años, después de la conquista, aun se resiste a perder sus tradiciones y su cultura, es ella la que le apuesta su lucha a la conservación de su lenguaje, sus tradiciones y su cultura, no sin restarle importancia al indígena hombre, quien en muchas ocasiones ejerce el rol de líder (cacique o gobernador) pero que a su lado está la mujer quien lo apoya orienta y ayuda a tomar determinaciones a favor de su comunidad.

A la mujer indígena, todo el reconocimiento por admirable labor,

 

HERNAN DAVID ROMERO REYES

Enlace Territorial Étnico. Unidad de atención y reparación integral a las víctimas.

DT Caquetá – Huila.

Referencias

Langebaek, C. H. (2016). Los sobrevivientes. Revista Semana.

MINISTERIO DE EDUCACION NACIONAL DE COLOMBIA. (s.f.). WWW.mineducacion.gov.co. Obtenido de https://www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/article-99519.html

MOLINARES, M. C., & ROMERO LEÓN, D. L. (2011). VIOLENCIA SEXUAL CONTRA LA MUJER EN MEDIO DEL CONFLICTO ARMADO Y SU TRÁMITE DENTRO DEL MARCO DE JUSTICIA Y PAZ: LOS CRÍMENES INVISIBLES DE LA GUERRA EN COLOMBIA. Obtenido de Repositorio Universidad Javeriana: https://repository.javeriana.edu.co/bitstream/handle/10554/5593/tesis637.pdf;sequence=1

OCHA colombia. (2014). Colombia Humanitarian Situation. Synopsis . OCHA Colombia. Obtenido de https://rni.unidadvictimas.gov.co/sites/default/files/Documentos/150109_infograma_2014_FINAL.pdf

 

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