VIOLENCIA INVISIBLE HACIA LOS HOMBRES, ¿NO ES TAMBIÉN CUESTIÓN DE GENERO?

 

Cuando se habla de violencia de género, se entiende de inmediato que se hace referencia a cualquier tipo de violencia hacia la mujer ya que como compensación a muchos años de desigualdad y vulneración de los derechos de la mujer se han levantado un sinnúmero de movimientos, activistas sociales y organizaciones que en muchas ocasiones, sirven de voz, para aquellas mujeres que no las tienen y que continuamente se sienten vulneradas en su hogar, sociedad o espacio laboral.

El gobierno igualmente en diferentes países y en Colombia no es la excepción, han creado un respaldo legal para condenar todas las acciones que atenten contra la mujer y eso es bueno, el principal logro en esa materia es la ley 1257 de 4 de diciembre de 2008, “Por la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres, se reforman los Códigos Penal, de Procedimiento Penal, la Ley 294 de 1996 y se dictan otras disposiciones” (Alcaldia de Bogota, 2008), y después de esta, se han creado normas complementarias que brindan más herramientas de protección a la mujer.

La violencia de género contra la mujer, es un delito grave, un atentado a los derechos humanos, una afectación y retraso al desarrollo social, entre otras tantas definiciones que se pueden acuñar frente a esta problemática que aún se mantiene vigente y que cada día se renuevan esfuerzos para erradicarla de la faz de la tierra en todos los contextos sociales.

Pero hay algo importante que se debe anotar y es que cuando se habla de equidad de género, el deber ser, es tener en cuenta a igualdad de condiciones para los dos géneros, masculino y femenino, y asignar los mismos derechos y deberes, tanto a uno como al otro, y bien lo define la UNESCO “la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de las mujeres y los hombres, y las niñas y los niños”. La igualdad no significa que las mujeres y los hombres sean lo mismo, sino que los derechos, las responsabilidades y las oportunidades no dependen del sexo con el que nacieron. La igualdad de género supone que se tengan en cuenta los intereses, las necesidades y las prioridades tanto de las mujeres como de los hombres, reconociéndose la diversidad de los diferentes grupos de mujeres y de hombres. (UNESCO, s.f.), y es algo que cultural e institucionalmente no se viene cumpliendo.

Ante la equidad de género existen temas o sucesos que son invisibles y que pueden ser el detonante de hechos lamentables, hago referencia aquí a la “violencia contra el hombre”, un tema que para las instituciones, como para las personas del común, no es visible, no es importante, y que resulta ser en muchas ocasiones cuestionable o motivo de burla, por parte de las instituciones y la sociedad hacia quien lo padece.

Desde luego es un tema que se desvirtúa, si se mira desde la óptica errónea que muchos aún conservan a la fecha, incluidos(as) las mismas víctimas de violencia, que el maltrato solo es cuestión de golpes, y que como el hombre suele superar en fuerza a la mujer, este no puede ser víctima de violencia, pero allí se desestima los demás tipos de violencia, y que son los que más se pueden presentar en el género masculino, como es la violencia psicológica, económica o patrimonial, y desde luego la violencia institucional.

Frente a esto, hay una controversia y es la siguiente; cuando se habla de violencia de género, solo se tiene en cuenta a la mujer, y las leyes y normas todas apuntan a la protección de la mujer, a evitar la violencia contra la mujer, y no enarbolan en su totalidad el concepto de género, de acuerdo a la definición de la UNESCO. Y es que desconocen el alcance o la intencionalidad subjetiva de hacer daño al otro, hablo aquí en sentido mujer – hombre, y se toma de manera premeditada, que toda acción de agresión es provocada exclusivamente por el hombre, mas no tienen en cuenta que la mujer también puede tener alcances lesivos hacia su pareja o expareja.

Hablo aquí desde la experiencia profesional de intervención en familia, donde a diario se conocen de casos de violencia de todo tipo, que afectan a mujeres, y a hombres por igual, con una diferencia, la cultura machista no permite que se superen esos tabúes, y se guarden esos problemas para sí mismos, y solo cuando algo grave le sucede al hombre, es que se dan a conocer, para buscarles solución, o como simple consulta para saber qué hacer, pero en algunos casos, no se motivan a ir más allá por las barreras institucionales que encuentran.

Porque hago referencia solo a algunos tipos de violencia, y no a todos, porque dentro de la práctica, son los que se evidencian con mayor impacto en la salud mental de la persona y las más frecuentes en la población masculina.

Al hablar de violencia psicológica, se debe mirar desde varios contextos y escenarios. Desde la pareja consolidada, que pese a los avatares de la cotidianeidad, se mantienen unidos, bien sea por principios de formación de la familia tradicional, donde lo más importante es darle un hogar a sus hijos, mantener una figura de hogar, una apariencia y estatus social, “Porque yo no he de dar el ejemplo, de dejar a mis hijos sin padre, yo prefiero morirme a tu lado, aunque vivamos como rivales, frente a ellos te haré una caricia, pero es falsa de sobra lo sabes” (Los tigres del norte). Esta canción de la música popular refleja la creencia popular frente a una relación fallida, pero que se mantiene con una imagen de unidad hacia la sociedad, pero que al interior se mantienen agresiones, físicas, verbales, psicológicas de parte y parte. Allí el menosprecio, la minimización del otro, la infidelidad, hace parte de la baraja de violencia psicológica hacia el hombre, muy pocas veces puesta en conocimiento a las autoridades, como estrategia para poner freno a estas circunstancias.

Ahora bien, saliendo del contexto del hogar, hablando de una relación caducada, sin ser objeto de relevancia quien dio final a la relación, y más, donde quedan por medio, hijos de la relación que termina, allí es más evidente la violencia psicológica y otras más que convergen en esta situación. Porque como acto de venganza surge allí una negación de los derechos del padre hacia sus hijos, primero miremos el contexto emocional, el cual se ve afectado en el sentido de que no se le permite contacto o comunicación con los hijos, se hace relevante la presencia de alienación parental, menosprecio hacia el padre, algunas madres llegan hasta a insinuar a sus hijos, “que el padre no los quiere, que los abandono, los cambio por otra familia”, entre otros comentarios desobligantes, que lo único que logran es el posterior rechazo del hijo hacia su padre, negándose a compartir con él a pasar al teléfono, a compartir sus periodos de visitas permitidas por ley, pero que son situaciones que no se tienen en cuenta y que no sancionan a la accionante, es decir a la mujer. Esto y mucho más se dan en el contexto de violencia psicológica, solo por nombrar algunos detonantes.

En lo referente a violencia económica, es igual de complicado, aún más cuando la convivencia fue durante muchos años, porque ante una separación, y la consecuente obligatoriedad de separar bienes, definir custodia, y cuota alimentaria, allí viene otro dolor de cabeza para los hombres, porque nuevamente como mecanismo de retaliación ante esa separación, buscan con beneplácito de las instituciones públicas, llámese comisaria de familia, casa de justicia, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF, dejar al hombre en estado de iliquidez financiera, con cuotas desbordadas y exigencias que sus condiciones económicas, familiares y laborales no dan para sostenerlas, pero es algo que algunos operadores de justicia no tienen en cuenta y buscan “apretar hasta donde más se pueda el bolsillo” dejando sin el mínimo vital para la subsistencia al padre demandado.

He conocido en el ejercicio profesional muchos casos, de hombres que manifiestan que ante el acoso económico de las instituciones y de la expareja, que le descuentan una cifra astronómica, y no les da para los gastos de su nuevo hogar, sus responsabilidades y su compromiso con el hijo de la anterior pareja. “mi esposa me dijo que así como cumplía con la cuota puntual de la otra hija, y en vista de que no le quedaba casi para las obligaciones de la casa, y las necesidades de mi hija, me dijo que nos divorciáramos y así ella también me demandaba para que le enviara la plata que ella pedía (Concha, 2017)” fueron las palabras de un consultante, llegando la presión económica a desestabilizar la actual relación de pareja. Ya que tras cada separación viene una nueva conformación de familia y por ende una nueva responsabilidad económica, y que en ocasiones por duelo no superado ante la separación, venganza hacia la nueva pareja realizan exigencias económicas desbordadas y lo peor, encuentran operadores de justicia que les siguen sus pretensiones y terminan con una situación económica complicada por su expareja, esto solo hablando de cuotas alimentarias, porque en separación de bienes el panorama es menos alentador, porque pretenden sacarlos de la casa, solo con su ropa, y que no tiene derecho a reclamar parte en la vivienda, y en el pensamiento de algunas mujeres, tiene que dejarle la casa sin repartición de bienes, cuota alimentaria para los hijos, y las deudas bancarias es lo único que le queda a él, es decir, con toda la carga económica y sin poder obtener parte en el aporte patrimonial que ha hecho con su trabajo durante los años de convivencia, el objetivo en palabras de algunas es “dejarlos en la calle”, o en algunos casos, en el proceso de terminar la relación, destruyen sus pertenencias (ropas, electrodomésticos, vehículos, enseres y hasta mascotas) sin que haya nada que pueda detenerlas y sin que la justicia al ser demandada, tome acciones correspondientes para sancionar a la agresora.

Y allí, después de estos escenarios y suplicios que sufren los hombres con sus parejas, se enfrenta a una deplorable discriminación, la violencia institucional, esa barrera ideológica de parte de las instituciones que muchos se han encontrado, o que de solo imaginarse, no llegan a denunciar, ¿Se imaginan a un hombre cualquiera en una Inspección de Policía o en una Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía denunciando a su esposa o a su novia porque le infringieron maltrato físico y sicológico? Lo menos que le puede pasar es que los funcionarios de turno se burlen de él por su falta de hombría, le digan que es un marica y a lo mejor ni le tomen declaración, total no hay una legislación especial para atender este tipo de violencia, que también es de género.” (RESTREPO, 2011) Los estereotipos, o el machismo cultural, arraigado en las instituciones, no permiten que este tema se visibilice, ya que lo primero que se arriesgan a recibir una burla, rechazo o juzgamiento “usted que le hizo a ella” suelen manifestar quienes se han enfrentado a estos entuertos institucionales, argumentando de facto, que el hombre es el causante de cualquier acto deliberado en su contra. “El padre de familia de 35 años afirma ser víctima de agresiones verbales y físicas “con tacones, palos de escoba, rasguños, cachetadas y puños”. Al denunciar lo sucedido “se me burlaron y yo le dejé muy claro a la señora que yo no iba a esa comisaría a que se me burlaran” (Anonimo, 2017). Este es el panorama, y más cuando el operador de justicia es una mujer, ya que por solidaridad de género, toman como determinante y verdad irrefutable solo lo que diga la mujer, la versión del hombre o lo que sucede con este, no es de su interés o no es prioritario de protegerlo de las agresiones a las que se enfrenta. Por estas razones quizá el registro de violencia hacia el hombre es bajo, “Forensis revela que se atendieron 50.707 casos el año pasado, casi 3.500 más que en 2015. En 86 de cada 100 casos, la víctima fue una mujer” (El tiempo, 2017) y en esto se evidencia, que solo hacen referencia al porcentaje de mujeres, pero dejan abierto el otro indicador, es decir, no hacen referencia al hombre como víctima, se atribuye que los 14 restantes son hombres.

Lo anterior en el contexto de violencia, pero, cuando en una separación el padre quiere asumir la custodia o el cuidado personal de sus hijos, la custodia le es negada de facto, porque en el imaginario colectivo y desde la visión institucional, la mujer es quien por derecho debe tener la custodia, y en casos que he conocido a lo largo del ejercicio profesional, existen algunas que no garantizan los derechos fundamentales a sus hijos, pese a que reciben una cuota de alimentación de los padres, pero cuando este los visita los encuentra en condiciones deplorables de aseo, alimentación, salud o negligencia en el cuidado, porque no están pendientes de sus hijos, pero no ceden la custodia, aun cuando el padre la solicite, porque representa para ellas un ingreso económico, y ante esto las instituciones dan mayor credibilidad o respaldo a la mujer, que al hombre, midiéndolos a todos con un mismo rasero, o bajo el rotulo de irresponsables, maltratadores, infieles o cualquier otro calificativo que se considere necesario para generalizar sus veredictos, actualmente en el presente año se han dado unos avances a nivel legal de favorabilidad en estos casos de custodia a favor de los hombres, algo que da un respaldo jurídico a aquellos padres que deseen y quieran garantizar todos los derechos de sus hijos, cuando consideran que la madre no los está garantizando.

Sin embargo sigue siendo un freno para aquellos que van a denunciar hechos de agresión de cualquier índole, desconociendo la realidad, sesgando el concepto de equidad de género, porque ante todos estos actos, la institucionalidad, la niega, al no reconocer que el hombre también es víctima de violencia, y este por miedo a que antes de recibirle la denuncia se vean juzgados, desconocidos o victimas de burlas por los operadores de justicia, se abstienen de hacerlo.

Otro aspecto para reconocer la invisibilidad de la violencia hacia el hombre por parte de las instituciones, es el reporte epidemiológico de violencia de género en Colombia, en análisis comparativo en los últimos tres años, y solo hace referencia a la violencia sufrida en todas sus expresiones, y aunque tristemente es una realidad, porque recurrentemente se conocen nuevos casos, no aparecen registros de violencia hacia los hombres,  “El 25 de noviembre fue declarado por la Organización Naciones Unidas como el del día Internacional de la No violencia contra la Mujer, Con ese motivo el Centro de Referencia Nacional sobre Violencia presenta este boletín comparativo de las diversas formas de violencia sufridas por la mujer durante los últimos tres años. Aquí se analizarán así, las cifras de homicidios, violencia intrafamiliar, violencia sexual y finalmente violencia interpersonal” (Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, 2016). Queda la pregunta para el Instituto, ¿si se habla de violencia de género, porque no incluir la escasa estadística que existe sobre la violencia hacia los hombres?

Aunque las estadísticas sobre feminicidio son altas y significativas, pese al respaldo legal que tienen las mujeres, y suceden en todas las formas y regiones del país, siendo ampliamente difundido en los medios de comunicación, respaldado por las comunidades con marchas de repudio, pero en una búsqueda rápida de noticas en los medios escritos en la red, se encuentran en su mayoría incipientes líneas haciendo referencia al hecho, mas no le dan trascendencia a los “masculinicidios” que se presentan, ni a los contextos en que suceden los hechos, y pasara de seguro con la pregunta antepuesta “¿Qué le haría para que esto pasara?” porque insisto, cuando esto sucede, siempre el imaginario colectivo piensa que este se lo merecía.

Consecuencias de esta violencia.

Como todo individuo, las consecuencias pueden ser las mismas para ambos géneros, puesto que alguien que se enfrenta a violencia de cualquier tipo, se ve afectado en su autoestima, llegando a consecuencias para su salud mental, como entrar en sentimientos de indefensión aprendida, desesperanza, depresión, sentimientos de inferioridad, ansiedad, menosprecio hacia sí mismo, culpabilizándose de los actos que está sufriendo, y en situaciones más graves, puede llegar a atentar contra su vida, ya que una de las causas de suicidio son las relaciones de pareja fallidas, violencia o crisis económicas, y todos estos factores de riesgo se dan en la violencia hacia el hombre.

Otra consecuencia que posiblemente no se ha tenido en cuenta, es que algún porcentaje del números de casos de violencia contra la mujer presentados, puedan ser consecuencia de la asfixia emocional que puedan vivir  dentro del hogar o a causa de acciones de sus exparejas, y que en una reacción de desespero pueden llegar a causar daño emocional o físico a la mujer, por lo tanto es importante reconocer la violencia en ambos géneros, porque muy posiblemente, si se reconoce y visibiliza la violencia hacia los hombres, las instituciones dejan de poner barreras o ridiculizar a los hombres víctimas, lo más probable es que se puedan reducir los casos de violencia hacia las mujeres, mejorando las estadísticas de maltrato, violencia y feminicidios, porque parte de estos casos podrían ser consecuencia de las agresiones que sufren por parte de la mujer.

Esta es quizá la consecuencia más grave, porque ante violencia física de parte de su pareja, la única respuesta es también la fuerza y en este contexto, el hombre tiene todo en su contra, porque si está siendo agredido, y actúa para protegerse usando la fuerza física, las consecuencias son para su estabilidad jurídica y su libertad, porque ante una demanda de violencia intrafamiliar, este puede ser conducido a la cárcel, y solo vale el argumento de quien inicio la agresión, pero que como defensa, pasa a ser de victimaria a víctima, y allí la norma la protege, y este contexto legal ampliamente conocido, es en el que se ampara quienes quieren hacer daño, porque sabe que el hombre y la violencia que sufre es invisible para las instituciones, y que cualquier reacción de defensa hacia sus agresiones puede ser declarado como maltrato.

Por eso la urgencia que las instituciones le den igualdad de reconocimiento a la violencia de género, que dejen los sesgos y eliminen esa tradición machista, que reconozcan la vulnerabilidad en ambos géneros y actúen en defensa de ambos por igual, sin parcialidades, que las condenas por estos actos sean por igual, sin discriminar si el victimario es hombre o mujer, esa es la primera medida efectiva para reducir la violencia de género y sus consecuencias nefastas a la sociedad.

 

HERNAN DAVID ROMERO REYES

Hernán David Romero Reyes. Psicólogo colombiano, Máster en RRHH, con 10 años de ejercicio profesional en diferentes áreas, actualmente es docente de la Corporación Unificada de Educación Superior CUN Regional Caquetá, y Psicólogo en Centro de Familia del Ejercito Nacional.

Para citar este artículo:

Hernán David Romero Reyes (2017). “La deuda que no pide ser pagada” proyectandolideres.org. Publicado on-line en: https://proyectandolideres.org/index.php/articulos/violencia-invisible/

 

Bibliografia.

Alcaldia de Bogota. (4 de 12 de 2008). http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=34054.

Anonimo. (26 de abril de 2017). Hombre maltratado por su pareja dice que se han burlado de su denuncia. (N. Caracol, Entrevistador)

Concha, F. (2017). asesoria familiar. (H. Romero, Entrevistador)

El tiempo. (12 de julio de 2017). cifras de violencia en colombia en 2017. El tiempo.

Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. (2016). VIOLENCIA DE GÉNERO EN COLOMBIA ANÁLISIS COMPARATIVO DE LAS CIFRAS DE LOS AÑOS 2014, 2015 Y 2016. Bogota: Grupo Centro de Referencia Nacional sobre Violencia GCRNV.

Los tigres del norte (s.f.). El ejemplo. México.

RESTREPO, J. D. (2011). Los hombres no denuncian el maltrato. SEMANA.

UNESCO. (s.f.). www.unesco.org. Obtenido de http://www.un.org/womenwatch/osagi/conceptsandefinitions.htm (en inglés).

 

 

 

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